Vivimos una tragedia más de menores y adolescentes intoxicados por el consumo, sin control, de alcohol . Sucedió en Dajabón, pero ese es un riesgo común en cualquier lugar del país
Hemos creado una masa de menores y adolescentes consumidores, donde el culto al dios Bienestar manda. Lo hace en el hogar , del mismo modo ,que en aula y en las iglesias. La obligación o el deber de un menor o un adolescentes han sido reemplazadas por la seducción . El bienestar de los hijos es dios y la publicidad o el exhibicionismo es su profeta.
Elevamos el bienestar y la complacencia de un menor o de un adolescente a la categoría de facultad humana. Un rango social al que nos obligamos como padres y, como maestro o pastores, a preservar . Porque lo más importante es complacer el deseo del niño. Una fascinación o tolerancia que ha menguado el hogar , la escuela y a la iglesia. Sigue fugitiva la disciplina, una de las tres funciones vitales de la crianza y de la educación, Junto a la ternura y la comunicación o el lenguaje.
Rescatamos la disciplina un término que ha sido corrompido, al compararlo con el castigo o la tortura . Viene de la palabra discípulo, la cual significa estar obligado a aprender. Se refiere a la manera en que un niño aprende , a las libertades , las exigencias y los límites que se les conceden a una persona para su aprendizaje .
Es este nuevo reino del consumo, de la publicidad y el exhibicionismo quien determina las relaciones del menor o del adolescentes con las demás personas. Así se forja la autoestima de estos individuos, donde están en primer plano la posesión y la relación que se tiene con las cosas, o por la cantidad de cosas acumuladas y exhibidas.
Pierde valor esta autoestima cuando difiere de la capacidad o la obligación que tiene cada persona de hacerse cargo de su propia vida, con el objeto de seguir adelante. Hablamos de la autoestima que te impulsa a vencer la adversidad, ese sentimiento de inferioridad o el convencimiento de que eres impotente.
Libaba y aprendió a consumir alcohol con su propia madre. Ambas permitieron que el deseo irrefrenable de beber alcohol tomara el control de su comportamiento , hasta convertirles en seres humanos con un YO devaluado.
Es excelentes amarse uno mismo, impórtale poco las críticas de los demás y sentirse bien en su propio cuerpo, como piensan muchos. Pero los limites Sociales y morales debemos verlos , desde la realidad del sentimiento de culpabilidad y de vergüenza por lo que hacemos.
Pensemos que la autoestima ,bien entendida ,está sujeta a la vinculación social con la realidad de nuestro entorno y con el referente común de nuestra convivencia , tanto en lo moral , lo Legal y lo cultural.
Rompen estos menores y adolescentes descantes con su vinculación social, y con los referentes morales de su convivencia , porque están conectados con lenguajes , mensajes y comportamientos antisociales. Con estos forjan su inteligencia desean te Des conocen como superar sus frustraciones y las decepciones que les produce la individualización de su cultura y su aprendizaje consumista.
Rogamos que las autoridad y la política diseñen mecanismos Sociales, culturales y legales que contengan los daños provocados por esta crianza y educación permisiva. Estamos obligados a cambiar esta conducta que debilita el aliento de trabajo y el culto a la comodidad, en las acciones y actitudes que persiguen la formación del individuo. Porque la escuela , el hogar la iglesia de hoy, son incapaces de impulsar normas con la cuales lo aprendido , pueda servir ,a alguien que no sea el mismo alumno.
POR: Fernando Sibilio
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