sábado, 31 de octubre de 2015

LA LEY ORGANICA DE LA POLICIA Y LA DEMAGOGIA POLITICA (POR FERNANDO SIBILIO)


Aprobaba, el Senado en primera lectura y con modificaciones, el Proyecto de Ley Orgánica de la Policía Nacional. Pero también firmaba el Jefe de la Policía con el Ministro de Administración Pública, un Canje de Notas para la Escala Salarial, sin presupuesto asignado, para los miembros de esa institución del orden.

Presentaba este proyecto como solución a la demandas de seguridad pública y como requisito para la lucha contra la violencia, la delincuencia y la criminalidad.  Un argumento y un discurso que, bien pudiera ser el prólogo para un gran disparate.

Lucen desquiciados los Senadores y Diputados con estas necesidades impostergables de la sociedad y la población.  Dada su incapacidad política y democrática, sobre estos temas.  Olvidan que es la inteligencia compartida la gestora de los bienes comunes, es ella la que genera la capacidad individual, el capital social, las instituciones, la normas, las costumbres y ese clima ciudadano que evita la aparición de los conflictos que devienen en problemas sociales, como las riñas, la violencia barrial y familiar, los delitos y los crimines.

Piensen que el esfuerzo que hacen los comunitarios, las juntas de vecinos, los clubes sociales, los comités de Amas de Casa y los catequistas para gestionar la inteligencia compartida provoca unos bienes económicos y un bienestar de convivencia no monetarizable, pero verdadero e intangible.  Es esta infraestructura social la que debería servir de base para cualquier Reforma de la Policía.

Reformar la Policía sin integrar cívica y democráticamente la sociedad, sin que la ciudadanía conozca el ejercicio de unos derechos y una libertad responsable, cuya dignidad está comprometida y supeditada al complimiento de los deberes con la Ley, es una aventura política y democrática.

Pretender salir del paso objetivando el fracaso del Sistema Penal en la Policía, con el tema de los salarios y los derechos económicos de los Policías, sin vincular estas reformas al quehacer social empeorará los servicios, la efectividad y la eficiencia de los servicios policiales.

Es que la falta de seguridad, la violencia, la delincuencia y la criminalidad la encontramos en las cárceles, en los cuarteles, en los embajadores y los cónsules designados en el exterior, en los bancos, en los talleres de mecánica, en las bancas de lotería, en las estaciones de gasolinas, en las iglesias, en los partidos, por citar espacios.

Necesitamos una inteligencia delictiva, una inteligencia criminal y una inteligencia social que construya el Sistema de Normas que rijan nuestra convivencia. Que diseñe las herramientas y los instrumentos sociales, culturales que nos ayuden a resolver los conflictos.  Solo así ampliaremos las posibilidades y las capacidades de acción de los ciudadanos y de los mismos policías para enfrentar los problemas.

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