martes, 13 de octubre de 2015

LA VICEPRESINDENTA APELARA (POR FERNANDO SIBILIO)



Insiste la Doctora Margarita Cedeño de Fernández, Vicepresidenta de la República, en proseguir sus reclamos, por las ofensas que, según ella, le profirió el Doctor Marcos Martínez.  Apelará con todo su derecho, la sentencia emitida por el tercer Tribunal Colegiado del Distrito Judicial de Santiago.

Descargó esa sala, por Insuficiencia de Pruebas, al Doctor Martínez, en un juicio que tardo más de tres año.  Sin embargo, la Vicepresidenta Margarita se propone apelar este fallo, tan pronto se pronunció la sentencia, el 29 de Octubre.

Respetamos las decisiones que emanan de los tribunales de la República, y reprochamos todos los pronunciamientos contra estos. Máxime, cuando estas decisiones son recurrible. Querer descalificar un Tribunal, porque este ha otorgado ganancia de causa a si rival es un acto antidemocrático, de los abogados que defienden a la Vicepresidenta, puesto que, la dignidad defendida por la Doctora Cedeño, esa misma dignidad le corresponde a los jueces, a los tribunales y a todos los ciudadanos.

Carecemos de méritos políticos, sociales y democráticos para sugerirle a la Vicepresidenta ningún consejo.  Puesto que ella tiene abogados y asesores excelente. Aunque quisiéramos recomendarle leer la obra la Fugitiva, de Marcel Proust, donde su autor deja ver con claridad, el destino de las personas que confunden los afectos, cuando desaparecen los hábitos y se alteran las costumbres.

Recitamos los versos de Antonio Machado: Que Difícil es no caer cuando todo cae.  Doctora Cedeño, lo importante es mantenerse en pie cuando todo se va de bruces, pues siempre será difícil actuar inteligentemente, si la sociedad se vuelve estúpida.  Entienda, si acaso le sirve de algo, que será un milagro ver florecer la libertad y la dignidad individual, cuando fuerzas políticas determinante han roto la solemnidad democrática del Sistema de Justicia.  Anomalía de la cual usted está al tanto. 

Navega, la Vicepresidenta, en el pantano que describe Stefan Zweig, en la Piedad Peligrosa.  Habla este Genio de las Letras, de como la vanidad, ese deseo excesivo de ser elogiado lleva a las personas a la equivocación, de confundir sentimientos, necesidades y deseos de la gente con la popularidad.  Más aún, Cuando esa vanidad se siente herida o defraudada.  Señores: Van más personas a la ruina política por la vanidad, que por problemas económicos.

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