sábado, 30 de enero de 2016

EL NEGOCIO CON LA SEGURIDAD PÚBLICA (POR FERNANDO SIBILIO)


Muestran las autoridades más interés en el negocio, que en las soluciones de las diferentes demandas administrativas, exigidas por la inseguridad pública. Crea el Servicio Nacional de Salud, un cuerpo especializado para la seguridad de los hospitales, militarizando, de esta forma, las actividades y operaciones de la Policía Nacional.

Acuerdan las autoridades sanitarias y los jefes militares  un protocolo de seguridad pública, y para ello se busca un ente burocrático de protección hospitalaria, dotado de presupuesto y de una estructura jerarquía al margen de la policía, que es la facultada, constitucionalmente, para esto. Es así, como asignan  un presupuesto que justifique el gasto y los costos del nuevo organismo de seguridad.

Dicen que quieren cuidar los médicos  y auxiliares en servicio de agresiones,  por parte de familiares y allegados a pacientes. Una situación esporádica y casual que, con un patrullaje policial  ordinario, que existe, se puede tener bajo  control.

Interesa justificar gastos fiscales para buscar y repartir comisiones, sin atender las necesidades reales de seguridad y protección del público, de la violencia, la delincuencia   y la criminalidad.

Piensen en estos nombres: Cuerpo Especializado de Seguridad Turística, Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza y Terrestre, Cuerpo Especializado de Seguridad Aeroportuaria y Aviación Civil, Cuerpo Especializado de Seguridad Portuaria, y Cuerpo Especializado de Seguridad del Metro.

Están estas entelequias bajo control militar, dotadas de presupuesto en los ministerios y en las direcciones generales a las cuales sirven. Nadie sabe que le cuestan al país, ni cuánto dinero se dilapida, en nombre de una estrategia de seguridad con pocos resultados, pero, además con muchos de sus miembros implicados en actos delictivos y criminales.

Lastran la labor Policial, y desacreditan al Estado en su obligación de ofrecer garantías democráticas de seguridad a la población y a la sociedad. Provocan estos desatinos el desorden institucional, la desmoralización y la contumacia de los Policías y de los Militares.  Es por eso, que les encontramos en el tráfico de armas y de drogas, y los servicios logísticos a las actividades criminales y delictivas que vemos cada día en el País.

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