Era Haití el país que contaba, todavía en el 2012, con un Sistema de Gobierno Circular, capaz de conservar ciertos equilibrios de poder. Con la tutela de la Organización de las Naciones Unidas, de la Organización de Estado Americanos, el Caricom, la Unión Europea y el Enviado Especial de los Estados Unidos, el Presidente Clinton.
Sobrevivían los tres poderes públicos y las instituciones descentralizadas, entre ellas, el Consejo Provisional Electoral. Teníamos un Gobierno Noria, girando alrededor de estos ejes, sin ninguna definición política del poder, dentro del Estado Haitiano. Pues el poder Político y Social era una rémora, dependiente de la compasión Internacional, la cual controlaba todas las acciones de Gobierno y de todo el Estado.
Tomar las decisiones por parte del Presidente Martelly, constituían una quimera política, ya que las Resoluciones de Gobierno y de Estado estaban referidas al exterior. Clinton controla el eje exterior y por eso pudo imponer, como primer Ministro, a uno de sus colaboradores haitiano, el activista social, Gary Connil, quien tan pronto trató de indagar la situación de las donaciones internacionales, fruto del terremoto, le hicieron saltar del cargo. Es así, que llega Laurent Lamothe, y con su salida, pasan tres Primeros Ministros, en solo tres semanas.
Caduca el Congreso, porque desertaron, voluntariamente, todas las fuerzas del círculo de poder Político, en Haití. Nadie quería cargar con la culpa del fracaso democrático de todas las instituciones haitianas. Un naufragio político, inducido por el Gobierno, los tutores y por la Comunidad Internacional. Pues todos estaban atendiendo su agenda privada, en el reparto de los bienes haitianos. A tal punto, que el Presidente Clinton, se hizo expedir, irregularmente, tres concesiones de explotaciones mineras.
Llegamos a un Haití, que celebra simulaciones electorales con menos del 20% del electorado. Queda en primer lugar, el Candidato del Presidente Martelly, y quien queda en segundo lugar, es Jude Celestine, se niegan a participar por la falta de garantías democráticas. Unas irregularidades aceptadas por las mismas autoridades electorales.
Insistimos, por tercera vez, en un Gobierno de Unidad Nacional con todas las fuerzas políticas, que dirija un período de transición por 30 meses, a fin de construir un tejido democrático institucional en todos los poderes públicos, y que se prologuen el Mandato del Parlamento por seis años, en condición política inamovible.
jueves, 14 de enero de 2016
HAITI INGOBERNABLE (POR FERNANDO SIBILIO)
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