Pensaban los voceros de la campaña electoral del Presidente Medina, que con mostrar la carta con la renuncia del Asesor Publicitario, Joao Santana, eliminaban el hedor del escándalo que, por lavado de activos, provocaba la orden de busca y captura emitida por la Fiscalía Federal, de Brasil.
Decía el Jefe de Campaña y Ministro de Turismo, que este era un asunto exclusivo del Señor Santana con las autoridades brasileña, que en nada se vinculaba a la República Dominicana. Así contestaba el Presidente Medina, quien dijo, que en nada afectaba su Campaña. Tanto el Ministro de Turismo y el Presidente de la República, confundían los planos de sus competencias públicas, con los planos electorales Privados de la Campaña Electoral.
Confunden los planos y desconocen que una cosa es lo que dice el Presidente de la República, pero otra cosa es lo que dice el Candidato, en funciones de Presidente. Es cierto que la salida no afecta la campaña electoral, pues la candidatura a la reelección es un asunto privado del Presidente.
Pasan por alto estos funcionarios públicos, que las diligencias iniciadas por la Fiscalía Federal de Brasil, contra el Señor Santana son por Lavado de Activos, fruto de actividades criminales con fondos públicos, en la empresa estatal Petróleos Brasileños, a través de sobornos de la empresas Odebrecht y Andrade Gutiérrez, dos empresas contratistas del Estado Dominicano, relacionadas con el Presidente Lula, investigado por el mismo delito, y ligado comercial y políticamente al Señor Joao Santana.
Estamos frente a una pareja de esposos, cuya empresa de publicidad y mercadeo político, es sospechosa de servir como fachada y corresponsalía financiera, para lavar y distraer los fondos fraudulentos de Odebrecht, en Angola, Mozambique, República Dominicana, Perú y otros países.
Lavarse las manos, con una explicación o con una declaración, es creer como Pilatos, que con agua se van los pecados. Estamos ante un entramado mafioso de ingeniería financiera, que envuelve bancos panameños, del Caribe incluidos dominicanos y bancos europeos, en los cuales las cuentas de estos esposos y de sus empresas sirvieron para mover u ocultar sumas multimillonarias, producto del fraude de Petrobras, para beneficiar políticos brasileños y de otros países.
Tupe el mal olor de este escándalo, pero esperen que sus efluvios serán letales, por la toxicidad y por lo corrosivo que serán sus afectos, sobre el Sistema Político de muchos países y de muchas empresas privadas o de entidades financieras. Es que un fraude de esta magnitud es imposible ejecutarlo, desde una empresa petrolera. Nadie se hace un Al Capone solo.
miércoles, 2 de marzo de 2016
EL TUFO ENDEMONIADO DE UN ASESOR DE CAMPAÑA (POR FERNANDO SIBILIO)
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