viernes, 2 de octubre de 2015

EL TERROR DE LOS DELICUENTES Y DE LOS CRIMINALES (POR FERNANDO SIBILIO)


Retan, cada día, a la sociedad y a la autoridad los criminales y los delincuentes. Atacan a sangre fría a los ciudadanos, a las empresas, a los comercios y a los propios funcionarios del Sistema Penal.

Asaltan fiscales, asesinan policías, militares, a parientes de jueces y fiscales y a los ciudadanos. Con estos hechos imponen el terror sobre la autoridad y sobre la sociedad. Al Policía a  quien le roban el motor, siente el mismo miedo que sufre el mensajero,  que le corre su misma desgracia.

Son estos vehículos medios para la distribución de drogas y para las operaciones conexas: el cobro y pago de dinero, el trasiego de armas para la vigilancia de las víctimas y de las propias autoridades, y para la transportación de los equipos y herramientas que usan en los asaltos y robos.

Consiguen sembrar el pánico con sus acciones, como con la muerte de un teniente de la Policía, en Santiago, un ataque que parece sacado de una novela de ficción.  Así convencen a los ciudadanos y a la sociedad, de que ellos tienen el control.

Roban baterías a los vehículos estacionados en la cercanía de la Casa Presidencial, donde viven Personalidades y autoridades, desafían lugares con vigilancia reforzada, como las Casas  de Embajadores, viviendas de oficiales Generales de la Policía o de las Fuerzas Armadas.  Así reciben un gran despliegue  noticioso y consiguen aterrorizar a la población.

Apuestan por el miedo porque tienen una voz discursiva y archiracional en los medios y en los círculos intelectuales. Pues les otorgan razones a los delincuentes: Falta de oportunidades, falta de educación y a la ruptura del círculo familiar.  Así presentan al criminal y al delincuente como víctima  de una sociedad opresora, que se lo ha negado todo.

Roban y matan contra una sociedad injusta. Ocultan su violencia en unas atrocidades que exhiben como ejemplos, sin que haya una reacción con inteligencia delictiva o inteligencia criminal ni por parte de la sociedad ni, mucho menos, de la autoridad.

Estamos frente al terrorismo criminal, que se ejerce, a partir de una debilidad política, social y ética, que acepta que una minoría pseudo agraviada, impongan sus puntos de vista o sus derechos usando actos delincuenciales, criminales o de destrucción.

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