miércoles, 7 de octubre de 2015

EL GOBIERNO, HAITI Y LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO (POR FERNANDO SIBILIO)



Buscan las Autoridades Dominicanas el premio de consolación, por su fracaso en las relaciones políticas con el Gobierno Haitiano. Van por lana a la Organización Mundial del Comercio, después que Haití les ha dejado sin un pelo en los cueros. Usa sus relaciones comerciales como arma de Guerra y la migración como el antibiótico que va adherido a sus proyectiles.

Necesitan un titular, el Canciller y el Ministro de Industria y Comercio, que maquille el golpe recibido, y por su inmovilismo frente a la ofensiva haitiana. Una  estrategia de cerco y aniquilamiento que, como conflicto, demuestra su incapacidad política y democrática.

Apelan al fraude de opinión Pública con su titular sobre una supuesta protesta ante la OMC. Un fiasco diplomático y un reclamo basado en unos agravios indemostrables. Es que Haití carece de un Código de Comercio. Hablan de acuerdos con Haití en base a reuniones de comisiones informales, al margen de las instituciones políticas y democráticas Haitianas y Dominicanas.

Piensen que ningún acuerdo o pacto político entre Haití y la República Dominicana, ha sido refrendado por los Congresos de esta dos Naciones, en los últimos 50 años. Utilizan el voluntarismo del Gobierno, cuando se aventura en fundamentar su apelación con el encarecimiento de los productos para los haitianos, sin respetar la angustia que sufren los dominicanos, por las alzas desmesuradas  de los comestibles y sus servicios. Están  más preocupados por las ganancias de los exportadores, que por la economía familiar de su propio País. ¡Qué ironía!
  
Usan la facundia política y diplomática, en aras de jugar al patriotismo y al nacionalismo electoral. Vuelven a la cháchara nacionalista, pero  niegan  los valores fundacionales de nuestra Nación. Aunque alardean de esa inconstitucionalidad que nos ha llevado a gastar más de RD$2,000 Millones de Pesos, en la aventura y el despropósito de nacionalizar y regularizar, de gratis, a miles de extranjeros indocumentados en su propio país. Sin que Haití, siquiera contribuya con el respeto a nuestro orden público y jurídico, al impedir la repatriación de sus ilegales, y lo que es peor, anular nuestra posibilidades comerciales.



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