miércoles, 7 de octubre de 2015

POLICIAS Y PARIENTES DE FISCALES NEGOCIAN CON NARCOTRAFICANTES (POR FERNANDO SIBILIO)

Chocamos nuevamente con la misma piedra en la Dirección Central Antinarcóticos de la Policía Nacional. A principios de año, un grupo de oficiales de la Policía y de Fiscales fueron sometidos a la justicia por vender 950 kilos de cocaína, incautados a un criminal y, luego, vendidos a otras bandas de delincuentes.

Estamos ahora frente a otro grupo oficiales de la Dirección Central Antinarcóticos, que negocia la libertad de criminales, a quienes  ellos mismo han capturado en flagrante delito. Reciben más de US$600,000 dólares, pero son capturados en el acto, gracias a la vigilancia internacional.

Reinciden en este mismo delito el Coronel de la Policía Nacional, Encargado de la Oficina Central de la Interpol en la República Dominicana, quien “seducido” por un abogado, quien es, además, el yerno del Fiscal Anti-lavado de la Procuraduría General de la República, consigue  que este oficial falsifique los documentos para levantar la Alerta Roja, que emiten los Organismos Internacionales, de Inteligencia Criminal, contra delincuentes y criminales perseguidos por la Justicia.

Sirven estos ejemplos para demostrar el fracaso del Sistema Penal, por ausencia, de los planes y programas de Inteligencia Delictiva y Criminal, en la lucha contra la Violencia, la Delincuencia y la Criminalidad Organizada. Carecemos de estrategias y de Políticas que garanticen la seguridad Pública. Están rotos los controles internos, tanto los Políticos como los democráticos, sobre el Sistema Penal de todo el País.

Ver a un Regidor de la Vega, reclamar su asiento, con descaro, en la Sala Capitular, después de ser  extraditado, por narcotráfico, es una tragedia democrática. Saber, que un Diputado de la provincia Espaillat paga la garantía económica, de un inculpado, por la falsificación de medicamentos, son las pruebas irrefutables del naufragio de las instituciones del Estado, en el mar de la violencia, la criminalidad y la delincuencia.

Tenemos más dudas  que certezas, sobre las decisiones judiciales porque, muchas veces, desconocemos, si en la realidad merecen ir a las cárceles los delincuentes o los inocentes tocados por las aguas bautismales del Poder.

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