Quedaba en libertad condicional el General retirado del Ejército de la República Dominicana que, días antes, había abatido a tiros a un joven que trato de atracarlo, en su propia casa. Se repetían las imágenes del hecho en las cadenas noticiosas, en los noticieros y en las redes sociales, a tal punto, que el evento trágico se diluyo en escena de cine negro, donde interactúan un héroe, el General y, un villano, el atracador.
Estaba servido el plato cinematográfico, y la farándula disponía de todos los medios para manipular la noticia, y ocultar la información de este hecho bochornoso y vergonzoso. Nadie reparaba en el sumario que resultó de la investigación. Decía que este General, apodado el Ránger, para faltarle el respeto al expediente judicial. Había disparado con un fusil, a quema ropa, en la cabeza de su atacante, después de estar bajo el control de una patrulla policial, que le había apresado.
Recibía, el General Justiciero, las alabanzas y corrían las leyendas de su proeza. Nadie reparaba en el honor, esa mezcla de heroísmo y bondad. ¿Dónde estaba la bondad del General Antonio Duvergé Duval, del General Matías Ramón Mella? Iconos dignos de homenaje, puesto que cambiaron la Historia. ¿Cambia la historia de la violencia, de la delincuencia y de la criminalidad con esta muerte.
Ver al ex Jefe de la Policía Nacional, ex Jefe del Ministerio de la Fuerzas Armadas y a más de 60 ex Generales, ofreciéndole su respaldo a este General Justiciero; Mientras que el atacante era sepultado, envuelto en la Bandera Nacional, nos dejaba la foto fija de la degradación política democrática y social del País.
Respaldaban, todos a una, la barbarie, como oferta a la demanda impostergable de seguridad. Reforzaban los intercambios de disparos de más de cuatro mil personas, que ha llevado a cabo la policía. Esta es otra muerte en una acción penal, que solo es competencia de los cuerpos policiales y dejas fuerzas de seguridad del Estado. Nunca debería ser ejecutada por un civil, que es el caso del General Justiciero.
Tiene fondo popular esta tragedia del Sistema Penal, aunque se quiera, desde el poder, presentarla como un hecho de entretenimiento. La violencia, la criminalidad y la delincuencia siguen hundiendo sus raíces, en todo el suelo Nacional. Este General Justiciero ha tenido que matar a dos personas, en acciones similares. Con lo cual, queda demostrado que matando gente este problema sigue intacto. El aforismo.” Muerto el Perro se acabó la rabia”. Es inservible hasta para los perros, porque el problema es el virus, nunca el perro.
Convertir en ficción la realidad de la violencia, la delincuencia y la criminalidad que vive toda la sociedad y la población, es una irresponsabilidad política, democrática y Penal. Ni la Sentencia contra el General Justiciero, ni en la muerte de un atacante, están las soluciones. La seguridad es una demanda política, ni moral, ni emocional. Hacer justicia, por su propia mano, cuando el Sistema de Justicia renuncia a su obligación democrática, de crear valores nobles de convivencia, es un remedio peor que la enfermedad.
Presionemos social y democráticamente al Estado Dominicano, para que cumpla con sus deberes y obligaciones constitucionales, de garantizar la libertad y estado social de derecho que le corresponde a cada ciudadano y a la sociedad.
sábado, 5 de marzo de 2016
LA GLORIA DE UN GENERAL JUSTICIERO (POR FERNANDO SIBILIO)
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