viernes, 11 de marzo de 2016

LA MUJER: OBJETO O SUJETO POLITICO (POR FERNANDO SIBILIO)


Es día 8 de Marzo, día Internacional de la Mujer. Se suceden actos y eventos en su honor, tanto por parte de las autoridades estatales como en instituciones privadas. Simbolismo, pose y gestos están a la orden del día, pues todos quieren quedar bien en la foto fija del día de la Mujer.

Lleven las mentiras vestidas de promesas electorales, donde su objetivo es la mujer, por su voto, nunca como persona. Por su género, sin tomar en cuenta su vida familiar, laboral, social económica y existencial.

Dice Luis Abinader, candidato Presidencial opositor, que construirá centros de acogida en todos los municipios, para asistir a las víctimas de la violencia intrafamiliar. Pierde de vista, la oferta política que evite que la mujer llegue a estos centros. Danilo Medina, Presidente de la República y candidato a la reelección, emite un Decreto, que establece una Medalla al Mérito de la Mujer. Condecora a un grupo de mujeres por sus aportes. Pero, sin ningún recato, ni prudencia dice; que ganara las elecciones con el voto del 70% de la mujer.

Despojan a la mujer de su condición de persona, otras organizaciones feministas y el Ministerio de la Mujer, cuando ven la equidad de género, desde el reparto de las funciones públicas, en las cuotas de candidaturas, en las comparaciones salariales y en sus derechos sexuales o reproductivos. Ver la Mujer desde este prisma es usarla como una mercancía intercambiable, o como una coartada para alcanzar unos fines individuales que, en nada crean valores en la convivencia familiar, social, sentimental y económica de la Mujer.

Ocultan estas trampas políticas y electorales la vida real de la mujer. Faltan las ofertas políticas y sociales que reivindiquen la vida de la mujer. Lo que sucede en la realidad familiar, laboral, social económica, emocional y sexual de esa madre, que tiene que levantarse a las cinco de la madrugada, para preparar a sus hijos que van a las escuela. La madre que después, debe quitarse los ropajes domésticos para ingresar a la faena laboral hasta las 5:30 de la tarde, pasar todas las vicisitudes con el transporte y el riesgo de seguridad para volver a la casa.

Tapan estas mentiras electorales y políticas las obligaciones del Estado y de la sociedad, con esa mujer, cuya rutina domestica la hunde en el estrés familiar  por llegar a su casa, olvidar el cansancio de una fática laboral, vial y ambiental para preparar el día siguiente y, acostarse, si acaso, a las once de la noche cada día.

Fabulamos con los derechos de la mujer, a sabiendas de que son una estafa democrática. Los aportes de esta mujer que describimos permanecen dormidos, en la caja B de los políticos. Pues son activos intangibles que, ni al poder político y social, ni a los partidos, ni a la sociedad les conviene visibilizar.

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