martes, 18 de abril de 2017

LA INTELIGENCIA SOCIAL EN LOS PROGRAMAS DE SEGURIDAD PUBLICA (POR FERNANDO SIBILIO)


Decía uno de los voceros, y Vice Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno, el periodista César Medina, culpables somos todos por la inseguridad pública que vivimos.  Argumentaba la ausencia de fórmulas mágicas, pero que era peor, cuando este mal social se usaba como piedra arrojadiza contra los adversarios políticos.  En el caso nuestro, si los Partidos Políticos opositores culpaban al Gobierno.

Refugiarse en los errores de los cincuenta años de transición democrática, para justificar los fracasos de los planes o programas de contención de la violencia, la delincuencia y la criminalidad del Gobierno de Danilo Medina es un absurdo político, democrático y social.  Es desconocer los fundamentos elementales de cualquier metodología de investigación y la falta de un pensamiento en el análisis.  Pues se recurre a generalidades, porque se carece de un razonamiento inductivo y deductivo sobre este tema.

Fracasan los Ministerios de Interior y Policía, de las Fuerzas Armadas, de la Presidencia y la Policía Nacional cada vez que parten de una ontología individualista, la cual falsea la realidad social, cultural y política de la violencia, la delincuencia y la criminalidad.  Actúan igual que los psicólogos, pues pierden de vista lo determinante de las relaciones humanas, en la conducta del individuo.  Ni la violencia, ni la delincuencia, ni la criminalidad son entidades autónomas, y atribuir responsabilidades colectivas, como lo plantea el Señor Medina, pero, también mucho otros, es tratar estos problemas como un asunto moral.

Pensemos en la inseguridad como pecado estructural de la política, en lugar de verlo como un pecado social.  Hablar de que todos somos culpables, como si fuese un pecado original de la sociedad, sin un Adán y sin una Eva, a quienes culpar.  Recordemos que Jesús, en su cristología, establece y construye una nueva responsabilidad, donde cada quien responde por lo que hace, pues entiende en su labor soteriológica que el pecado original diluye la responsabilidad en otros, sirve de indulto a quien comete pecados.

Usemos la inteligencia social, si es que deseamos contener la violencia, la delincuencia y la criminalidad.  Es de ella que surge la inteligencia delictiva y la inteligencia criminal, las cuales necesitamos para descubrir las estructuras en redes, tanto de la delincuencia como de la criminalidad.  Sin conocer sus Nodos, sus lenguajes y sus relaciones.  Tomemos en cuenta estos tres componentes de estas redes delictivas y criminales, si en la realidad queremos alcanzar un buen análisis, diagnóstico y pronóstico de esta situación de inseguridad.

Son los Nodos de estas redes todas las personas en condiciones potenciales o reales de participar en la información, operación, distribución, financiación, promoción y divulgación de los bienes y servicios delictivos y criminales.  A partir de aquí podemos apelar al concepto de culpabilidad, más acá de las banderías de partidos.  Lo básico es saber quiénes, desde la autoridad, influyen en estas redes por comisión o por omisión.  En lugar de la culpabilidad de todos, busquemos las pasividades y complicidades de autoridades, las cuales permiten que policías y militares asalten y distribuyan la droga en los puntos, como el caso Dican y el caso Paya.

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