Sorprende que, la ONU, la
OEA, los Clinton y los Organismos Internacionales hablen de estabilidad
política y democrática, en Haití. En un
momento donde los ciudadanos, los poderes públicos constituyentes, los
constituidos y, las instituciones, tanto públicas como las privadas, sienten y
viven una gran desconfianza del poder político.
Sigue Haití intervenido, y
con mandato renovado, para una Misión de la ONU, que persigue la estabilización
de Haití (La Minustah). Que lleva 100
meses, dirigiendo el proceso político, después de la salida irregular del
Presidente Aristide.
Damos visibilidad a una
intervención política, que junto a otros organismos internacionales, han
instaurado un “Modelo democrático” a la carta, legitimado en su poder social y
personal que genera unos controles y unas dependencias directas, las cuales
desmedran la administración y la toma de decisiones de los poderes públicos,
como en el caso del limbo jurídico, político y democrático del Consejo
Electoral Permanente.
Extiende su mandato, por 12
meses más, la Minustah, con un parlamento que tiene el 33% de sus Senadores con
su ejercicio vencido y con 78 Alcaldes de facto, por el atraso de 11 meses, en
las elecciones parciales. Agravada esta
anomalía democrática con el riesgo de autoridad que padece el consejo superior
del poder judicial, al nombrar los miembros del Consejo Electoral Permanente,
sin que haya un reconocimiento, ni en el cumplimiento, ni en las obligaciones
de esta decisión.
Dirán, para justificar el
dispendio de fondos internacionales, que Haití avanza, tal cual declarara
Mariano Fernández, Jefe de la Minustah, en su visita al Presidente Medina. Pero los Clinton proclamaban el mismo progreso
haitiano, con la inauguración de una zona franca, en compañía de actores y de
senadores internacionales.
Gobiernan, en Haití, el
caos, la miseria y la desesperanza. Todo
esto que lleva a las calles a miles de ciudadanos, a muchas organizaciones
civiles y a los partidos políticos a protestar, violentamente, en las calles
de: Puerto Príncipe, Gonaives, Les Cayes y Cabo Haitiano, contra un Gobierno
que, después de 18 meses, ha hecho peor la vida de los haitianos.
Reclamaba el Presidente
Martelly, mas ayuda, en la Asamblea General de la ONU, pese al disgusto
generalizado de su pueblo. Quisiéramos
que, los Clinton, el Jefe de la Minustah, y la OEA les comunicaran al mundo,
las veces que Martelly se haya atrevido a ejercer su mandato político, con
autodeterminación.
Exceden su poder, estos
señores, con unos alardes y una, ostentación nunca visto en América. Sienten que pueden sustituir el poder
político, en Haití, cosa que será inútil.
Damos esta alerta, porque los medios de comunicación desconocen que, ni
el parlamento, ni el poder judicial se atreven a pedir cuentas, pero, mucho
menos, disponen de la capacidad democrática para proponer frenos o controles,
con los cuales se pueda garantizar la libertad, el equilibrio y la
independencia de los poderes públicos.
Pensar en la realidad
política haitiana, sin entender este sistema de fuerzas y de intereses
nacionales y extranjeros, que se mezclan, con la sumisión de la clase política
haitiana, que producen, claro esta, unas causas y unos efectos nocivos para la
población, sería una irresponsabilidad, porque el drama político de esa nación
se corresponde con una nueva forma de esclavitud, basada en la compasión
internacional.
Repugna el poder absoluto
que ejercen estos señores, en nombre del pueblo haitiano. Por tanto oprobio, renunciamos a la escritura
de otras cosas, dado que, sería más adecuado preguntarle a los haitianos. ¿En qué son ellos cómplices y como refuerzan
todo el poder que estos señores ejercen sobre ello?
Santo Domingo, D.N
19 de Noviembre, 2012.-
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