Vivimos con la violencia, la
delincuencia y la criminalidad social y organizada una lucha, entre el poder
posicional que pretende prolongarse en la conducción del Estado y el poder
político y social que anhela liberarse.
Una prueba incontestable es el pedido del Ministro de las Fuerzas
Armadas al Embajador de los Estados Unidos, sobre informaciones de militares
ligados al narcotráfico.
Quisieran describir, ambos,
el hueco democrático donde cabe la libertad política, social y económica de loa
ciudadanos, ese espacio donde todos seamos felices, sin definir políticamente
lo que haría feliz a la sociedad y a los ciudadanos.
Sufre la sociedad y la
población el desgaste democrático, social y económico de una política de
seguridad que es incompatible, con la violencia social y organizada que generan
esos mismos poderes, agravada por la correa de transmisión que han impuesto los
gabinetes criminales, entre la sociedad, las instituciones sociales y los
grupos operativos del poder político social.
Hablar de violencia,
delincuencia y criminalidad sin ocuparse de sus canales de distribución, de las
vías de comunicación, de los medios que le sirven para la divulgación de sus
fines, de su cartografía financiera delictiva y criminal. De los apoyos oficiales y sociales, de sus
estrategias para el almacenaje y embalaje de sus bienes, su dinero, sus armas y
sus mercancías, y de los negocios que le sirven de fachada, es una ironía.
Pensemos en la propaganda,
la publicidad y las relaciones públicas que se les ofrece en la radio y la
televisión. Como se prevalecen los
delincuentes y criminales de las figuras públicas, deportistas, artistas,
líderes de opinión, de militares, de políticos, y, hasta de fundaciones. Pensemos en el estrellato de personajes que,
sin ninguna condición artística, son fenómenos musicales y lo que se mueve
detrás de ellos.
Examinemos con rigor la
subcultura del colmadon, de las bancas de apuestas, de las galleras, de las
estaciones gasolineras y otros negocios que mueven mucho efectivo. Solo así nos enteraremos del origen de todas
las actividades delictivas y criminales, de las muertes y heridas en acciones
penales y sociales, de las muertes, heridas, atracos y secuestros en acciones
delictivas, criminales y financieras; que se producen fuera de los registros
oficiales.
Ocurre aquí lo mismo que en el
Reino Unido, con el Banco HSBC, el mismo de los bonos de la Sun Land, condenado
al pago de una multa de US$2,500 millones de dólares por lavado de activos del
narcotráfico mexicano. Miremos en este
ejemplo indeseado, que la racionalidad humana de estos banqueros y la de los
diputados es un concepto moral. Improbable
científicamente y psicológicamente.
Tenemos la inseguridad en nuestras
narices, como lejos, y nos obligan a negociar nuestras vidas con ella. Ese mismo poder posicional que pide el
exterminio de antisociales, nos ha tirado al abismo democrático, y nos ha
dejado sin fuerzas jurídicas y políticas siquiera para pedir auxilio.
Queda demostrado, con el
“Dale para abajo”, que el poder posicional ha disociado las estructuras
institucionales del Estado, que su función democrática ha perdido la
susceptibilidad para la integración constitucional. Que los diputados ejercen de robots, por que
perdieron su capacidad para diseñar proyectos que respondan a esta demanda, por
la falta de energías políticas.
Habrá un modo bueno de ser
Ministro, Diputado, Senador, Alcalde o Jefe de la Policía?
Aceptamos, por muchos
siglos, que cada oficio viene con su perfección. Sin embargo ha sido difícil el acuerdo en lo
que es bueno o malo. Es sospechosa, por
tanto, la inutilidad histórica y de origen trujillista de la policía.
Ha sobrevivido a 12 mandatos
constitucionales y por más de 70 años.
Sería bueno revisar los medios fraudulentos como se constituyeron estos
poderes posicionales, como se promueven a cargos públicos y en organizaciones
políticas y sociales a las personas los detentan.
Prefieren el amarillismo
noticioso del “Darle para abajo”, que les convierte en socios anónimos de los
criminales y delincuentes, por compartir sus mismos métodos. Olvidan que la función determinante en
nuestra forma de comportarnos, de entendernos y de juzgarnos como nación, está
sujeta a la muestra de ciudadanía democrática que hemos formado en toda nuestra
sociedad.
Santo Domingo, D. N.
22 de Diciembre, 2012.-
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