sábado, 22 de diciembre de 2012

DENLE PARA ABAJO AL PODER POSICIONAL (POR FERNANDO SIBILIO)

Vivimos con la violencia, la delincuencia y la criminalidad social y organizada una lucha, entre el poder posicional que pretende prolongarse en la conducción del Estado y el poder político y social que anhela liberarse.  Una prueba incontestable es el pedido del Ministro de las Fuerzas Armadas al Embajador de los Estados Unidos, sobre informaciones de militares ligados al narcotráfico.

Quisieran describir, ambos, el hueco democrático donde cabe la libertad política, social y económica de loa ciudadanos, ese espacio donde todos seamos felices, sin definir políticamente lo que haría feliz a la sociedad y a los ciudadanos.

Sufre la sociedad y la población el desgaste democrático, social y económico de una política de seguridad que es incompatible, con la violencia social y organizada que generan esos mismos poderes, agravada por la correa de transmisión que han impuesto los gabinetes criminales, entre la sociedad, las instituciones sociales y los grupos operativos del poder político social.

Hablar de violencia, delincuencia y criminalidad sin ocuparse de sus canales de distribución, de las vías de comunicación, de los medios que le sirven para la divulgación de sus fines, de su cartografía financiera delictiva y criminal.  De los apoyos oficiales y sociales, de sus estrategias para el almacenaje y embalaje de sus bienes, su dinero, sus armas y sus mercancías, y de los negocios que le sirven de fachada, es una ironía.

Pensemos en la propaganda, la publicidad y las relaciones públicas que se les ofrece en la radio y la televisión.  Como se prevalecen los delincuentes y criminales de las figuras públicas, deportistas, artistas, líderes de opinión, de militares, de políticos, y, hasta de fundaciones.  Pensemos en el estrellato de personajes que, sin ninguna condición artística, son fenómenos musicales y lo que se mueve detrás de ellos.

Examinemos con rigor la subcultura del colmadon, de las bancas de apuestas, de las galleras, de las estaciones gasolineras y otros negocios que mueven mucho efectivo.  Solo así nos enteraremos del origen de todas las actividades delictivas y criminales, de las muertes y heridas en acciones penales y sociales, de las muertes, heridas, atracos y secuestros en acciones delictivas, criminales y financieras; que se producen fuera de los registros oficiales.

Ocurre aquí lo mismo que en el Reino Unido, con el Banco HSBC, el mismo de los bonos de la Sun Land, condenado al pago de una multa de US$2,500 millones de dólares por lavado de activos del narcotráfico mexicano.  Miremos en este ejemplo indeseado, que la racionalidad humana de estos banqueros y la de los diputados es un concepto moral.  Improbable científicamente y psicológicamente.

Tenemos la inseguridad en nuestras narices, como lejos, y nos obligan a negociar nuestras vidas con ella.  Ese mismo poder posicional que pide el exterminio de antisociales, nos ha tirado al abismo democrático, y nos ha dejado sin fuerzas jurídicas y políticas siquiera para pedir auxilio.

Queda demostrado, con el “Dale para abajo”, que el poder posicional ha disociado las estructuras institucionales del Estado, que su función democrática ha perdido la susceptibilidad para la integración constitucional.  Que los diputados ejercen de robots, por que perdieron su capacidad para diseñar proyectos que respondan a esta demanda, por la falta de energías políticas.

Habrá un modo bueno de ser Ministro, Diputado, Senador, Alcalde o Jefe de la Policía?
Aceptamos, por muchos siglos, que cada oficio viene con su perfección.  Sin embargo ha sido difícil el acuerdo en lo que es bueno o malo.  Es sospechosa, por tanto, la inutilidad histórica y de origen trujillista de la policía. 

Ha sobrevivido a 12 mandatos constitucionales y por más de 70 años.  Sería bueno revisar los medios fraudulentos como se constituyeron estos poderes posicionales, como se promueven a cargos públicos y en organizaciones políticas y sociales a las personas los detentan.

Prefieren el amarillismo noticioso del “Darle para abajo”, que les convierte en socios anónimos de los criminales y delincuentes, por compartir sus mismos métodos.  Olvidan que la función determinante en nuestra forma de comportarnos, de entendernos y de juzgarnos como nación, está sujeta a la muestra de ciudadanía democrática que hemos formado en toda nuestra sociedad.

Santo Domingo, D. N.

22 de Diciembre, 2012.-

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