Decía el Presidente Medina,
en Cádiz, España, que Haití y República Dominicana son siameses. Otro tanto dijo el Presidente Aristide, que
eran alas del mismo pájaro. Presidentes empeñados
en una poética política que prescinde de lugar real. Así evaden su obligación de construir un buen
lugar para haitianos y dominicanos.
Proponía el Presidente
Dominicano un Acuerdo de Libre Comercio con Haití, una estrategia comercial
cuyo contenido político desconocemos, pero que, como genérico político, ni
Haití, ni la República Dominicana disponen de los medios, ni de los
instrumentos democráticos. Tampoco
tienen la mancomunidad en los Derechos Internacionales para alcanzar este fin.
Confirman nuestras
hipótesis, lo que ocurre con el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, lo
que pasa con el Acuerdo con el Caricom y, en nuestro caso particular, el
desperdicio político, económico y monetario que representa el DR-CAFTA.
Pedimos a los lectores
verificar las pérdidas en fondos de cooperación, en donaciones, en
financiamientos no reembolsables, en financiamientos blandos que, por
negligencia y prejuicios burocráticos, ambas naciones desperdician. Una prueba que braceamos en el mismo lago
pero; en paraguas distintos.
Rompemos esa mancomunidad
vital de siameses y adaptamos la conducta política y democrática de “Gemelos
Adversarios”. Ante cualquier amenaza
prevalece la defensa de la soberanía sobre la defensa de la dignidad de la vida
de los dos pueblos. Ese reiterado y
sistémico instinto de suicidio moral, dirigido por nuestra desmemoria
histórica.
Carece el liderato insular
de la inteligencia para distinguir estos conceptos, eso le permite mezclar, sin
orden ni consensos, problemas políticos de diferentes procedencias y
soluciones, con insostenibles garantías democráticas. Por estas falencias estamos aceptando la
instalación de un destacamento operativo de la Minustah, en territorio
dominicano.
Sorprende el repentismo del
Primer Ministro Haitiano, al proponerse el cierre de los mercados
fronterizos. Más espanta el arrebato del
Presidente de la Junta Central Electoral, frente a las demandas en la Corte
Interamericana de los Derechos Humanos, ni todo es seguro ni nada es
importante, en la moral de los poderes constituyentes y constituidos de esta
isla.
Es urgente deslindar las
responsabilidades y desenredar la maraña selvática, que hoy oscurece el campo
de la filosofía política, porque estamos interpretando los derechos como
propiedades, en lugar de ejercerlos como posibilidades y disponibilidades
reales, para los dos países. Olvidamos
que los criterios de justicia, de todo poder político, descansan encima de cómo
este Estado define sus necesidades y conveniencias vitales. Esta será su geopolítica.
Acuerdan el Primer Ministro
Haitiano y el Canciller dominicano un plan de trabajo, al margen de la Comisión
Mixta Bilateral. Pactan lo que nadie
cumple y lo que a nada obliga; el control de los mercados y el migratorio. Sin embargo, ganan las pandillas el espacio
político, el espacio comercial y el espacio geográfico. Cierran, a dos bandas,
el paso comercial y gobiernan el flujo migratorio.
Secuestran, matan, apuñalan
y asaltan a comerciantes, a transportistas, a turistas y a diplomáticos. Los militares y policías acusan a los
haitianos y a los dominicanos, en los dos lados, con lo cual el paso fronterizo
se convierte en una aventura de “Asalto y Deguello”.
Debería cuidarse el
Presidente del desgarro político y del desgaste diplomático en nuestras
relaciones con Haití. Ya que las hemos
basado en dos premisas incompatibles con la ética de gobernar: El voluntarismo
presidencial y la cofradía política.
Sentimos el ramalazo que
sufriera el personal de las cocinas móviles, quienes acudieron a socorrer a los
damnificados de la tormenta Isaac, en Haití, en Agosto, que luego fueron
expulsados de un hotel, porque el Gobierno haitiano, se negó a pagar la deuda
de estos trabajadores solidarios. Sería saludable que, colguemos los anteojos
con Haití, y nos dediquemos a gobernar las demandas bilaterales.
Santo Domingo, D. N.
3 de Diciembre,
2012.-
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