Llegaba la ventosidad del discurso pronunciado por el Embajador de los Estados Unidos de América, en la Cámara Americana de Comercio, a todos los confines y a las altas instancias del Estado y de la sociedad Dominicana. Le recordaba a los Políticos: No hay dinero limpio de personas sucias.”
Hablaba en estos términos, al cuestionar la pasividad de la sociedad y la población dominicana, ante la corrupción. Lanzaba este grito, al narrar, la forma en que un Policía, uniformado, a punta de Pistola, asaltó a dos inversionistas, quienes vivieron al país invitados por el, y como este agente les obligó a entregarles sus carteras.
Formulaba cuatro preguntas al auditorio ¿A quién de los que estamos aquí no le han pedido algún soborno? Quienes no conocen a alguien que haya recibido un contrato sin haber agotado el proceso debido de licitación. ¿Cuáles de nosotros no conocen aun Político que haya sustraído fondos Públicos? ¿Quiénes aquí conocen algún Juez que no haya recibido un soborno para soltar algún preso antes de tiempo?
Daba continuidad y contigüidad a pronunciamientos similares, de empresarias, en el mismo escenario. Reafirmaba lo dicho por Gustavo Tavares y por el vicepresidente de esta Cámara, quien dijo: “algo está podrido en el Estado Dominicano.” Todos coincidían en el lastre social, económico y democrático que representaba la corrupción.
Apoyaban estos pronunciamientos agrupaciones empresarias, organizaciones Civiles y editoriales de periódicos. Puesto que dirigentes Políticos acusaban al Embajador de injerencista. Apelaban a la soberanía Nacional, al patriotismos inconstitucional, sin reparar, en que los tenedores de Bonos soberanos, en mas 0S$10,000 MILLONES de Dólares, son inversionistas y empresas de los Estados Unidos. Es decir, que el embajador cumplía con su deber de velar, por las garantías financieras, Políticas y monetarias que conlleva, la seguridad del pago de estas deudas soberanas, por parte de la Republica Dominicana.
Es fácil apelar a la soberanía y al patriotismo, como eufemismo, cuando se carece de argumentos para contradecir lo dicho por el Embajador. Querer tapar con un dedo la conducta antisocial de los Policías, de los Jueces, de los fiscales de los funcionarios Públicos, de los representantes del Congreso, de los ediles, en nombre de la cacareada injerencia en los asuntos internos, es complicidad y contumacia.
Querer ocultar lo que todo el mundo ve, es una irresponsabilidad Política y democrática. Peor aun cuando la impunidad es el mayor galardón de los grandes ladrones del Estado.
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