sábado, 5 de diciembre de 2015

LA JUEZ SE CONFIESA EN EL TRIBUNAL DE PARTICIPACION CIUDADANA.

Por Ferrnando Sibilio

Comparecía la juez, Awilda Reyes, ante los Ejecutivos de Participación Ciudadana, una organización de la sociedad Civil, a confiarle informaciones graves sobre el proceso de investigación, que le sigue el Consejo del Poder Judicial y la Procuradora General de la Republica, por recibir, alejadamente, dinero a cambio de sentencias.

Recibía credenciales de oficialidad, participación Ciudadana, conferidas por una persona sujeta de investigación por un delito y un crimen, desde un cargo Público. Era la Juez, Awilda Reyes, la víctima de una calumnia, puesto que, las informaciones graves, según Participación Ciudadana, eran contra el Ministerio Publico o contra la judicatura.

Jugábamos a la Carabina de Ambrosio, Participación Ciudadana, con su declaración dejaba ver que los acusados y los investigados deberían ser otros. A tal punto, que el procurador General de la Republica le pidió, a la organización, revelar  todos los detalles de las infamaciones graves ofrecidas por la Juez.

Entraban, lamentablemente, el Procurador y Participación Ciudadana, en el Juego y en las ocurrencias  de esta Juez. Porque nadie ha elegido a Participación Ciudadana como interlocutor entre el Ministerio Publico y el Consejo de Poder Judicial.  Ni las confidencias, ni los secretos que tenga una institución Privada, sirven como pruebas o testimonio ante un tribunal, ni  siquiera en la Cámara de Diputados o en Senado de la Republica, si están  al margen de los procedimientos democráticos.

Querer negociar los códigos, las penas, las obligaciones y los deberes frente al complimiento de las leyes, es lo que más daño le ha hecho al Estado Social de Derecho. Esto  ha lastrado  la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en los poderes públicos, del Estado Dominicano.

Pensemos que la justicia, más que aplicar un Código, es crecer valores nobles de convivencias. La inteligencia penal, la inteligencia delictiva y la inteligencia criminal más que darle soluciones privadas a los jueces, a los fiscales y a los inculpados sirven para construir esa inteligencia social, capaz de cambiar la conducta de los jueces, de los fiscales, de los Policías y de los ciudadanos.

Quisiéramos recordarles que la justicia es la felicidad Publica, un requisito para una vida social en armonía. Para ello, todos los individuos están obligados cooperar, limitado todos sus deseos inmediatos, en aras de alcanzar la cohesión y el respecto de todos los ciudadanos de una Nación.

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