sábado, 5 de diciembre de 2015

Leonel Fernández Empantanado


Por Fernando Sibilio

Acepta, el Presidente Fernández, empantanarse como jefe de una misión de Acompañamiento Electoral en Venezuela, designado por la Unión de Naciones Sudamericanas. Decide ser protagonista de Marcel Proost, en su obra, En Busca del Tiempo Perdido. Pues acepta ser la cabeza de turco de un organismo cuestionado por la oposición Venezolana, por otros Estados, puesto que sus decisiones no son vinculantes.
Es jefe de una misión que viaja a ninguna parte, la nada envuelta en el oropel de las creencias y los prejuicios de líderes, cuya legitimidad política cae en picado. Ecuador en llamas con la reelección indefinida, Dilma en riesgo de ser destituida, Maduro se pudre y Cristina sale de Argentina, por la puerta de atrás.

Cae en la trampa del presidente Samper, dado que ningún ex presidente Sudamericano aceptó el encargo de presidir esta misión de observación, ya que están participando en otra, coordinada por la OEA, la Comisión Iberoamericana, con el presidente Zapatero, de España y los presidentes Pastrana de Colombia y Quiroga de Bolivia, entre otros.
Usa Unasur a Leonel Fernández, para el trabajo sucio, en una región donde cualquier caribeño es un parche mal pegado, por los prejuicios culturales que los sudamericanos tienen, tanto con Haití como con la Republica Dominicana.

Corre, también, el mismo riesgo en nuestro país. Por privilegiar las creencias políticas y prescindir de las ideas en el manejo político que le ha dado a su carrera. Le faltan fundamentos frente al San Benito de Félix Bautista. Un caso que regurgita en las tripas de su partido y en la sociedad, pero que aprovechan sus rivales, dentro de su misma organización, para inhabilitarlo electoralmente.

Queda salpicado con el lodazal que vomita el escándalo  lo de los jueces corruptos, acusados de vender sus sentencias, como la de Atiemar, un crimen de lavado de activos, ligado directamente con su gestión, en el Banco de Reservas y la sentencia que libera a un regidor, sospechoso de encabezar una banda criminal, por los cuales se acusa a un Juez del Consejo Superior de Justicia, de coordinar estas actividades delictivas y criminales, con otros jueces.

Aparece empantanado, el nombre del presidente Fernández, en estos hechos, porque  se sindica al Doctor Radhamés Jiménez Peña, su cercano colaborador y ex Procurador General de la Republica, como la persona que, supuestamente, servía de interlocutor entre los beneficiarios de estas sentencias y los jueces inculpados.

Sufrimos una incompetencia electoral estructural, sustentada en las creencias, por el enorme déficit dialéctico que tiene el discurso político. Parece que ese sistema de creencias ha empantanado,  al Doctor Fernández,  en otra  pesadilla similar a la que viviera con Quirino. Queda claro, que el Doctor Fernández  ha desdeñado en su estrategia política la moraleja que nos deja Terencio, en su obra El Eunuco. Lo inteligente, cuando vivimos una pesadilla, no es buscar escondrijos, sino despertar.


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