Juzga antes de conocer lo sucedido, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, al designar al Magistrado Francisco Ortega, para que asuma la función de Juez Instructor del caso ODEBRECHT. Decimos que prejuicia el caso, porque nombra a un juez, con la seguridad de un caso del cual desconoce el sumario.
Responde el Tribunal Superior a la denuncia del Poder Político y Social, impone este caso, pues el control político está fuera del alcance del sistema político y social dominicano. Es decir, que las informaciones penales, las pruebas acusatorias y las evidencias procesales están en Brasil y en manos de las autoridades federales de los Estados Unidos. Unos datos que, en corto plazo pudieran ser publicadas y de dominio ciudadano a través de las redes.
Entender el apresuramiento del Presidente de esta Corte, requiere conocer acerca de las mentiras racionales y objetivas, que le han dado muchas flores sectarias y ninguna confianza penal, ni procesal, ni al Ministerio Público, ni a la empresa ODEBRECHT en sus afanes por destruir, manipular y ocultar sus crímenes. Es que ningún poder sin la confianza de los ciudadanos y de la sociedad es nada. Carecen de confianza ciudadana y social los poderes del Estado, para enjuiciar a sobornados, sobornadores y auspiciadores en esta trama, puesto que el Ministerio Público y la Judicatura han pactado con una empresa criminal, para burlarse de la sociedad y de los ciudadanos.
Pretenden desde la Suprema curar la herida abierta al cuerpo ético de la Magistrada Miriam German Brito, pero desconocen que con las herramientas del pasado es difícil construir algo novedoso. Ofrecen el mismo esquema de los casos Amable Aristy, Félix Bautista y Víctor Díaz Rúa, por solo citar tres casos. Ofrecen un juez, sin saber para qué expediente, están espiritualizando el caso ODEBRECHT, ya que se está sustituyendo la realidad de un sumario por una suposición procedimental.
Es demencia procesal pura y dura, se corresponde con los episodios, en los que, quienes padecen de demencia son capaces de razonar, pero existe el desconcierto de la realidad del enfermo. Es que lo vimos en el comportamiento del Presidente del Senado y secretario General del Partido de la Liberación Dominicana, quien, sin guardar el mandato constitucional de la independencia de los poderes, le exigió al Procurador que diera los nombres de los presuntos implicados.
Guarda espacio la mitología procesal en la Suprema Corte de Justicia. Estamos ante la paradoja de quien quiere comer pero también quiere adelgazar, porque está desbordado y escandalizado este expediente, plagado de muchas voces discordantes desde el Gobierno, el Congreso y el Ministerio Público, y a pesar de todo esto, esta corte quiere ponerle orden político, con esta anticipada y apresurada decisión jurídica. Hay muchas voces en el campo íntimo de ODEBRECHT, y con esta medida sigue otra. La Suprema pierde autoridad para poner el orden dentro de tanta algarabía. Porque el bochorno nacional, ahora hele a Mariano.
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